Sociedad

Entrevista a «Polacotecuenta»: «La cárcel no es linda para nadie, no hay nada más lindo que la libertad»

Actualizado: 15 agosto, 2026

Polaco, el exconvicto que usa las redes para concientizar sobre la realidad carcelaria 

Trabaja como mecánico, estudió psicología social y lleva más de 7 años limpio de drogas. Tras pasar por más de 20 penales bonaerenses, relata la crudeza del encierro, la corrupción institucional y envía un contundente mensaje a las nuevas generaciones: «La delincuencia solo te lleva a la cárcel, al hospital o al cementerio».

En una emotiva y cruda entrevista concedida al programa Buenas Tardes República, un exconvicto conocido popularmente como «Polacotecuenta» compartió su testimonio de vida y transformación social. Actualmente dedicado a la mecánica, utiliza las redes sociales como plataforma para mostrar la realidad sin filtros del sistema carcelario y aconsejar a los jóvenes sobre los riesgos de la delincuencia.

Durante el reportaje, Polaco reveló que tanto la justicia como el Servicio Penitenciario le han cerrado cuentas de usuario por visibilizar las fallas estructurales de las cárceles. «En el encierro salen a flor de piel la tristeza, la incertidumbre, la desesperación y el miedo desde el primer día, sin importar el delito o qué tan ‘malo’ te creas», afirmó.

La crudeza de las comisarías y el mito de la vida carcelaria

Al ser consultado sobre el impacto del delito en el entorno personal, Polaco recordó su primera detención tras un ilícito fallido: «Cuando me vi tirado en el piso, entendí que me estaba perdiendo un montón de oportunidades. Supe que esa no era la vida que quería para mí. Los pibes no se dan cuenta de que todo acto genera una consecuencia y se arruinan el futuro».

Respecto a las condiciones de encierro, señaló que la convivencia es el desafío más complejo:

  • Convivencia en cárceles: «En la provincia de Buenos Aires compartís una celda de 24 horas, los 7 días de la semana, con 15 personas desconocidas. No sabés qué hicieron ni si te van a lastimar por un par de zapatillas».
  • El hacinamiento en comisarías: Aclaró que las comisarías son peores que los penales. «Hay dependencias con capacidad para 20 personas donde alojan a 60 o 70 internos. Es inevitable que se generen conflictos y peleas graves por una cama o cualquier objeto. He visto gente gravemente herida».

Corrupción y adicciones tras las rejas

Polaco denunció graves irregularidades en la provisión de alimentos e insumos básicos por parte del Estado: «El Estado paga un subsidio por cada preso para alimentación e higiene. Jamás vi la comida correspondiente. En Sierra Chica estuve 15 días sin comer porque solo daban polenta grumosa, mientras la carne, el pollo y las verduras que enviaba el Estado desaparecían. Hay una gran corrupción penitenciaria».

Asimismo, desmitificó el control sobre los estupefacientes: «Hay más droga y alcohol dentro de la cárcel que en la calle. Si tenés plata vivís como un rey; si no tenés, vivís como un preso común». También afirmó haber sufrido en carne propia torturas y abusos de autoridad en más de 20 penales bonaerenses.

Reinserción social y fe

Su proceso de cambio no fue sencillo. Inició el consumo de drogas a los 13 años y a los 14 ya enfrentaba su primera internación. Sin embargo, decidió dar un giro decisivo: estudió psicología social y acompañante terapéutico, y lleva más de siete años libre de adicciones.

A pesar de los obstáculos para insertarse laboralmente debido a los antecedentes penales —que le impiden acceder a empleos formales o licencias de conducir profesionales—, resalta la confianza que ha recibido del público y su profunda fe en Dios: «Dios me salvó de la muerte tanto en la calle como en la cárcel, donde me quisieron matar muchas veces. Hoy soy agradecido de tener mi casa y poder sentarme a comer un plato de comida en paz».

Un mensaje final para la juventud

Para concluir la entrevista, Polaco dejó una reflexión dirigida a los jóvenes que coquetean con la delincuencia:

«El camino de la delincuencia y la droga te lleva a tres lugares: a la cárcel, a un hospital o a un cajón. Disfruten y valoren la libertad. Una vez que estás en la cárcel, no hay mamá, ni papá, ni familia que te cuide; te tenés que cuidar solo. Si te gusta la adrenalina del delito, vas a terminar mal. No vayan en cana; no hay nada más lindo que disfrutar de la libertad.»

Entrevista completa